Calceteros

 
   

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MEMORIA

1.-  LA ACTIVIDAD TEXTIL EN LA ÉPOCA MEDIEVAL.

 La Actividad textil es, sin duda, la más importante de Teruel y también en Aragón en la Baja Edad Media.

En Teruel existían oficios desde antiguo. Relacionados con el oficio textil encontramos a los tejedores, pelaires, tundidores, bataneros tintoreros, carderos, sastres y calceteros, que tienen menos peso económico en el ámbito de la manufactura y en el comercio exterior, aunque cubren una parcela económica urbana destacada. Su papel es sustancial en la vida cotidiana. Ellos son quienes confeccionan los elementos de la variada vestimenta de la época y trabajan las telas, los paños y las pieles. Sus obligaciones están consideradas en el Fuero:

  

                            

  

Del Fuero de los Sastres. ( 518 )

 

A continuación se tiene que hablar de los sastres. Mando también que si el sastre cambia o hurta algo de las cosas que le hayan sido dadas para confeccionar y se le prueba, páguelo como un ladrón; pero si no, jure solo, si se sospecha de éste, y sea creído. Pues, alguno de éstos a veces suelen sustraer algo del paño, de las pieles o del lomo. Pero si el dueño del paño o de los vestidos no pueden probar aquel daño y éste es de cinco o más, el sastre pruebe su inocencia como en el caso de hurto, de acuerdo con el cálculo del daño; por el de cinco sueldos o menos, como se han dicho, jure solo. Pero si el sastre daña el paño al hacer el corte, páguelo. Asimismo, si el sastre confecciona mal el vestido o lo mancha, páguelo. Además, si el sastre pierde o se le nota algo de las cosas que le hayan sido dadas para confeccionar, páguelo. Asimismo. El sastre no se queda nada, de acuerdo con la Ley, de los recortes de las telas, ni de las orillas de los vestidos, ni de los lomos, ni de las pieles, porque todo es de los dueños de los vestidos. Además, si el sastre no entrega el vestido confeccionado el día establecido, peche cinco sueldos al alotacen y al demandante. Asimismo, el dueño del vestido pague doble el importe si no paga el mismo día, después de haberle avisado el sastre que el vestido está cosido y terminado.

 

                               Del Fuero de los Tejedores. (519)

 

 

Ahora se tiene que hablar de los tejedores. Si un tejedor cambia el hilado ajeno y el demandante puede probarlo, páguelo doble y el tejedor pierda la paga de la tejedura. Además después de que el paño esté tejido, devuélvalo seco, limpio y con el mismo peso, el tejedor pague doble todo el daño que por ello se haya producido. Asimismo, si el tejedor teje mal el paño o no lo entrega el día fijado, páguelo doble a su dueño. Si el dueño del paño no paga el mismo día, después de que el tejedor le haya avisado, aquél pague también doble el importe.

 

  

 

 

2.- LAS COFRADIAS ARTESANALES DE LA EDAD MEDIA, SASTRES, JUGONEROS, CALCETEROS, PELLEJEROS, TEJEDORES, PELAIRES Y TINTOREROS.

           

            - Durante las denominadas Plena y Baja Edad Media el trabajo se organizó de forma corporativa. Las asociaciones, que reunían a fines del siglo XII y primera mitad del XIII a todos los artesanos de una misma localidad, (en tanto que los mercaderes formaban otra y los labradores una tercera) nacieron fundamentalmente por motivos religiosos y sociales: procesiones, entierros, misas patronales, socorros mutuos en caso de enfermedad, invalidez, muerte, orfandad y viudedad. En el siglo XIV estas asociaciones profesionales se van especializando, de manera que la corporación inicial se bifurca en varias, que según avanzan los tiempos se especializarán de forma creciente, hasta constituirse una por cada arte u oficio.

            - Es el vocablo Oficio y cofradía el que define la unión de determinados artesanos que trabajan en similar actividad. Hacia finales del siglo XIII proliferan las asociaciones, aunque no se puede afirmar que sea de tipo gremial corporativo, pues sus normas de actuación se aproximan más a organizaciones de tipo piadoso caritativo y de ayuda mutua entre sus miembros.

            Tras la disolución en las cortes de Daroca en 1311, de las cofradías de todos los ministriles y oficios del reino en Teruel se censan hasta 14 cofradías adjuntas a otras tantas iglesias, conventos o ermitas: Santa María de Redentor, Santa Catalina, San Nicolás, el Espíritu Santo, Santa María de la Villa Vieja, San Redentor, San Vicente, San Mateo, San Blas, San Julián, San Esteban, Santa Elena, Santo domingo y Santísima Trinidad.

            Hay casi absoluta uniformidad de cargos a los que se les llama invariablemente “Oficiales”, siendo su organización similar a cualquier Gremio de cualquier otro lugar urbano. Dirige la cofradía el mayordomo y los veedores inspeccionan el trabajo en talleres tiendas, oscilando su numero en función de la cantidad de cofrades o agremiados.

            Los reglamentos de las cofradías artesanales y mercantiles se van complicando y haciendo más extensos según avanzan los tiempos. En el siglo XIII son muy breves, simples autorizaciones regias de su existencia. En el siglo XIII y primera mitad del XIV las cofradías profesionales controlan los concejos, al menos en Aragón, nombrando de entre sus filas a los cargos municipales mediante repartos no siempre pacificos. Por el contrario en el XV no figuran apenas en los cuadros concejiles y son éstos organismos lo que intervienen activamente en la vida de la hermandad.

            La cofradía tiene un control efectivo sobre el oficio, ejerciendo una labor benéfico asistencial por un lado y  por otro regulando qué personas pueden acceder al ejercicio profesional a través del control del examen de maestría.

- Los profesionales de la confección, sastre, jugoneros, calceteros y pellejeros, tejedores, pelaires y tintoreros … vieron aprobados sus estatutos por los jurados de la ciudad. Como nota destacada respecto a otras asociaciones gremiales resalta el hecho de la admisión  de mujeres, que aportaban su concurso en un oficio muy acorde con su condición.

            Los oficios de sastre y de calceteros se separaron en 1629 para constituir gremios diferentes. Hasta entonces la cofradía de sastre y calceteros de la ciudad de Teruel estaba bajo la advocación de Nuestra Señora de Gracia y de los Santos Inocentes, y tenía su sede en la Iglesia parroquial y patrimonial de San Pedro, aunque por pocos años, habían constituido gremio: la cofradía. En ese año los jurados de las ciudad “revocaron la ordenación de la agregación de los oficios”, disponiendo que, en adelante, los sastres solo podrían ser sastres y los calceteros trabajar únicamente de calceteros por ello, el 2 de octubre de 1622, se reunían en la Sala de las Casas de la Ciudad el mayordomo y diversos maestros examinados (sastres y calceteros), para someter a voto la cuestión. Así se hizo, “ y la mayor parte votó y fue de parecer que se disiparen dichos oficios cada uno de por si, y que los que deven de oficio paguen, y se partan los bienes que hibieren”. El 23 de octubre se presentaban ante las jurados de la ciudad, Francisco Castiel, Sastre, para declarar que, por su parte, el estaba dispuesto a aceptar la separación de oficios, y  que así estaba “prompto y aparejado a obedecer como es justo dicho mandamiento y orden, y obedeciendo a él, prometio no usar de oficio de calceteros, y si usare, estar sujeto a las penas que lo están los demás sastres que no son calceteros”. Solicitaba un nuevo examen del oficio exclusivo de sastre, con la condición expresa de no tener que para espórtulas a los examinadores ni a otras personas.

            La vida de la cofradía de Ntra. Sra. de Gracia y de los Santos Inocentes había sido pues muy efímera.

            En adelante los calceteros constituirían la cofradía de San Lorenzo, cuyas ordenanzas fueron dictadas el 9 de marzo de 1630.

 

 

3.- EL GREMIO DE LOS CALCETEROS.

 3.1   DEBERES ESPIRITUALES.

 Los cofrades tenían que asistir a las funciones religiosas en la víspera de San Lorenzo, a la misa mayor que se celebraba el día de santo patrono en la iglesia de San Andrés, y al día siguiente a la misa conventual. La asistencia era obligatoria, bajo pena de 10 sueldos jaqueses por cualquiera de las tres faltas, cantidad que se aplicaba al oficio.

La misma pena de diez sueldos se imponía por no asistir, al entierro de un cofrade, su mujer o su hijo, o el padrón de la Compañía, siempre que no hubiere impedimento legítimo. Las hachas de las procesiones y los entierros las llevarían los mayorales, bajo pena de cinco sueldos para el común del oficio. Aquí, se sigue la línea del anterior gremio de sastres y calceteros.

            Las seis misas rezadas obligatorias por fallecimiento de un cofrade se dirían en la capilla privilegiada de San Lorenzo, en honor de las cinco llagas y la Resurrección.

  

3.2   ORGANIZACIÓN DEL GREMIO. 

Como todos los gremios, la cofradía de San Lorenzo tenía su arca propia. El arca del oficio, con las bolsas y matrícula, se custodiaría en el archivo donde estaban las demás arquillas, en la sala del Secreto de la Casa de la Ciudad. La llave la tenía el mayoral.

 

 

 

Los capítulos se reunían en las casas de la ciudad o en la sala de la cárcel. Todo cofrade que siendo llamado por el andador, por mandamiento del mayordomo, no asistiera al capítulo, pagaría en concepto de multa diez sueldos jaqueses, cuando no hubiera impedimento justo.

El que no fuera maestro examinado no podía cortar valones ni otros géneros de ropas nuevas. Si se hallaba algún mancebo trabajando en cualquier casa de Teruel que no fuera casa de maestro examinador, cortando o cosiendo, el mancebo explicaría a los Jurados cómo había cortado los valones o vestidos. No se podía excusar diciendo que ellos no los habían cortado, “por cuanto suele suceder que muchas veces los mismos mancebos que no están examinados señalan las ropas con el jabón, y los dueños de los vestidos o otros que no son maestros examinado los cortan”.

Si los maestros no declaraban quién o quiénes habían cortado los vestidos, tenían de pena, ellos o cualquier persona que se encontrase en la casa, 60 sueldos jaqueses por cada pieza, “ejecutaderos incontinenti” para los jurados y el oficio. Las ropas ocupadas se las llevaría el oficio para que los jurados de la ciudad las viesen el primer día de sala. Si no estaban acabadas de coser, o solo estaban cortadas, las coserían los mayorales del oficio, pagando entonces las hechuras el dueño (siendo de suponer que pasarían al Hospital de la Asunción).

Si una ropa se echaba a perder, el dueño podía, dentro de 30 días hacerla ver por los mayorales del oficio, quienes declararían el daño y entonces el maestro pagaría lo echado a perder. Pero si los culpables eran los mayorales, serían ellos los que pagasen el daño.

En los capítulos del gremio sólo podía proponer asuntos el mayoral “en capid”. Votarían el otro mayoral, el mayordomo, los contadores y luego cada uno por su antigüedad y asiento. El voto sería propuesto por el mayoral primero y segundo, y el mayordomo . si dos de ellos determinaban ser buena la proposición, se aceptaba. Pero si dos negaban, él que la había propuesto pagaba diez sueldos de multa. Ésto, naturalmente daba gran fluidez a las discusiones.

Las viudas que quisieran mantener la tienda (o botiga) tenían que pagar todos los gastos, así de fiestas como los que se pagaran “a escote”. Ellas, al igual que todos los cofrades, tenían obligación de pagar los espirituales.

Los mayorales y el mayordomo podían “echar cualquier composición (o derrama)” siempre que fuera conveniente al oficio. El mayordomo estaba obligado a cobrarla, dando cuenta de ella el día de presentación general de cuentas.

 

 

3.3 LOS OFICIOS Y SU EXTRACCIÓN.

 

            La insaculación tenía que hacerse pidiéndola el oficio o la mayoría de él. Si algún cofrade la solicitaba, las costas y gastos eran del que la pidió, y no del oficio.

            La extracción de oficios se hacia el día de San Homobono (12 de noviembre) después de la misa conventual.

            Los oficios se extraían en la forma siguiente:

a)     Un redolín de la bolsa de mayordomos. El extracto daba fianzas.

b)      Dos redolines de la bolsa de mayorales. Uno de ellos quedaba “en capid”. Si no aceptaban, pagaban pena de diez suelos.

c)      Dos redolines de la bolsa de contadores. También pagaría 10 sueldos el que, siendo elegido, no aceptase.

La cofradía de San Lorenzo produce la impresión de ser la más pobre de todas; en efecto, la principal fuente de ingresos de los gremios eran las multas. Pues bien, se disponía en las presentes ordenanzas que los que tuviesen 60 años cumplidos no se podían eximir de servir oficios, “por ser pocos los cofrades”.

El cofrade que hubiera sido sorteado y no estuviera en el capítulo de la extracción no podía ejercer el oficio, pagando además pena de diez sueldos para el común del oficio. Quedaban excluidos de esta sanción los ausentes de la ciudad y los enfermos, siempre que el ausente dejara procurador y al enfermo se le intimare en su casa.

Era condición indispensable para servir los restantes oficios el haber sido previamente mayordomo. El maestro examinado que contraviniera en algo a lo contenido en estas ordenanzas, y además se comportara de forma desconsiderada con los oficiales, sería acusado criminalmente, y su nombre sacado de las bolsas en que estuviere insaculado, además de pagar pena de 60 sueldos jaqueses, aplicados la mitad a los Jurados y la otra mitad al oficio.

El cofrade que no hubiera pagado los espirituales, el que no estaba presente el día de la elección, o el que debía alguna cantidad a la cofradía, no podía servir oficios.

 - El Mayordomo.

             Se extraía de la bolsa de este oficio, en número de uno. Siempre que tuviera que dar un recado a los oficiales, tenían que acompañarle los mayorales, bajo pena de 10 sueldos jaqueses por cada vez. Junto con los mayorales, tenía obligación de rendir cuentas al gremio el día de San Andrés, bajo pena de 20 sueldos jaqueses. Si no lo hacia, la pena por cada semana que sobrepasase el plazo era de diez sueldos, aplicados al común del oficio. El día de la presentación de las cuentas, asistirían los mayorales nuevos y viejos, dos contadores y los mayordomos entrante y saliente.

-     Mayorales.

 

            Se extraían dos de la bolsa correspondiente. Uno de ellos quedaba “en capid” (o en cabeza). Actuaban junto con el mayordomo, en la rendición de cuentas.

            El día de San Lorenzo saldrían a pedir limosna, y también el día de San Homobono.

 

        - Los exámenes.

            Cualquier mancebo que quisiere examinarse de calcetero para alcanzar el grado de maestro tenía que probar hacer usado el oficio durante cuatro años con carta de aprendiz.

            Si era maestro examinado en otra parte, tenia que mostrar la carta de examen, entendiéndose bien que si la carta de aprendiz (para el oficial) o de examen (para el maestro que lo fuere por otra ciudad) no era de calcetero, sino de sastre, no se lo podía admitir a examen, por cuanto que los oficios quedaban separados. Y por tanto no sería examinado. Si a pesar de las ordenanzas, le admitieran, cada uno de los mayorales pagaría pena de 60 sueldos jaqueses (treinta para los jurados y la misma cantidad para el cuerpo del oficio), y el examen quedaría nulo y sin efecto.

            Al examinado, además se le ejecutarían las sanciones acostumbradas (60 sueldos por cada ropa) tantas veces como trabajase. La medida era lógica, ya que incurría en la pena de los que cortaban o cosían sin estar en posesión del título de maestro.

            El examinando, ocho días antes del examen, tenía que cortar y coser en casa del mayordomo cuatro cortes (un ropón, un jubón, unas calzas y un capirote) que le pediría cada uno de los mayorales. Los subiría a la sala de San Andrés el día del examen para su revisión por los examinadores  (mayorales y mayordomo).

            De todo lo dicho se desprende que los mayorales cumplían en este gremio el mismo papel que los veedores en los demás.

    

            - Derechos de examen.

            Eran los siguientes:

a)     El hijo o yerno de cofrade: 50 sueldos y un hacha de cera blanca

b)      El natural de la ciudad: 100 sueldos y un hacha de cera blanca

c)      Naturales del reino: 100 sueldos y un hacha de cera blanca.

d)     Extranjeros: 300 sueldos y un hacha de cera blanca.

No es necesario decir que las cantidades pecuniarias eran para las cajas del gremio.

            Al padrón, mayorales, mayordomo, contadores y andador se les pagaría 10 sueldos a cada uno, y una colación o comida, como era costumbre.

            

3.4   LABORES.

 

Había muchas actividades tanto en las tareas domésticas como en las artesanales, entre ellas las de los calceteros que dependían de las plantas como materia prima o como un componente esencial en alguno de los procesos.

El Fuero de Teruel hace referencia a plantas que se cultivaban en los huertos que no tenían uso culinarios ni eran fuente de alimentación para el ganado como el lino, el cáñamo, el moral, mimbres, zumaque, las cardenchas y cañas. Asimismo, se regulaban oficios como los calceteros, pellejeros, tejedores, bataneros, leñadores…que tenían que ver con usos de plantas. En otros documentos también se nombran oficios como los pelaires y jaboneros.

 

Usos textiles.

 

En Teruel la materia prima para usos textiles era la lana de oveja pero también se hacían telas y paños con el lino y con el cáñamo y se cultivaban en los huertos.

El lino daba una de las fibras más valiosas ya que era superior en calidad al algodón y proporcionaba un tejido más fino y de gran resistencia y elasticidad. Se utilizaba para ropa que iba junto a la piel como las calzas, sayas y jubones.

Del cáñamo se utilizaban las hebras de mayor calidad, las más largas para tejer telas con las que hacían camisas, camisones, sábanas…Las hebras podían ser sólo de cáñamo o se mezclaban con lana o con lino. Las hebras de peor calidad por ser más cortas y llamadas estopa se usaban para hacer alpargatas, cordeles, sacos y talegos…

Procesos de obtención de las fibras y telas.

 

- El proceso era similar en los dos casos tanto el lino como el cáñamo recogido se introducían en fajos en una poza de agua corriente unos nueve días para que se pudrieran y fermentaran. Este proceso de enriado consistía bioquímicamente en una degradación microbiana de las pectinas que recubrían las fibras celulósicas. Después se extendía para que se secase  y perdiera la humedad.

- posteriormente se sometían a fuertes y repetidos golpes para romper las cubiertas duras. Se utilizaban diversos instrumentos según las zonas: bramaderas, mayos, espadillas…

- Con dos rastrillos o cardas que tenían las puntas de acero se iban cepillando los tallos e iban saliendo las fibras de diversos tamaños: largas que se emplearían para hilar y cortas enganchadas en los rastrillos,  que tendrían otros usos.

 Proceso de hilado: se colocaban en el huso unas cuantas fibras y éste se hacía girar y con ese movimiento iban retorciendo las fibras que se iban estirando y dosificando de manera manual para formar hilos del grosor deseado. Este proceso se podía realizar simplemente con un huso o con la rueda de hilar o rueca.

 

 

- Con cada husada obtenida después se harían madejas que se lavaban,  también se podían teñir y luego se hacían ovillos. Los ovillos se utilizaban para confeccionar prendas en casa con ganchillos o agujas largas de hacer punto o bien se llevaban a los tejedores. Los tejedores se encargaban de hacer telas, que después recibían los calceteros,  a partir de las madejas u ovillos gracias a los telares, que entrecruzaban los hilos.

 

 

 

           - El tintado podía hacerse de las madejas o de las telas y tejidas, los bataneros en los molinos traperos o batanes se encargaban de tundir los tejidos de lana para darles más consistencia y flexibilidad. El tejido, que siempre estaba mojado, era golpeado durante horas o días consecutivos con grandes mazos de madera que se movían gracias a la energía hidráulica del agua del molino.

 

 

 

           -Lo usual era que el cliente llevara las madejas u ovillos a los tejedores, éstos las entregaban a los batanes (sobre todo las de lana) y posteriormente recibía el cliente la tela, Después el mismo cliente aprovechaba la tela o la confeccionaba o la llevaba a los calceteros. Así, éstos ya podían confeccionar prendas tan diversas como: jubones, calzas puñetas, capirotes, briales, velos, ropones, capotes, catardas, hopas, beguinas, pellotes, tabardos

-                            

 Cardo cardados o cardencha.

 

           Otra  planta relacionada con el uso textil era el cardo cardador.

Se utilizaba  para cardar los paños de lana y mantas con las cabezuelas. Los que tenían el oficio de cardadores de paños se llamaban pelaires. Los ganchos de las cardenchas al pasarlos por el paño quitaban la borra y levantaban las fibras de la trama formando una pelusa superficial que cambiaba la textura del paño y aumentaba su capacidad de aislar del frío. Las púas eran tan suaves que no dañaban nada el tejido, pues antes de causar ningún deterioro, cuando se enredaban  se rompían.

           Al principio el proceso era manual: colgaban la manta o paño del techo y pasaban repetidamente los palmares (instrumento con varias cabezuelas de cardencha) por la superficie del paño.

 

 

 

 

 

Tintes vegetales.

            Se utilizaban  para teñir tanto fibras vegetales: lino, algodón, cáñamo…como fibras animales: lana y seda. Los tintes se podían realizar de forma casera tiñendo las madejas o telas pero también había oficios relacionados con la tinción.

            Las clases pudientes que pudieran pagar las calderas reales llevarían colores más vivos, variados y de mayor resistencia que los pobres cuyas ropas no estarían teñidas o los colores serían menos sólidos.

            El procedimiento general del teñido consistía en realizar una cocción de las madejas o la tela con agua y los mordientes adecuados alrededor de 1 hora y posteriormente otra cocción del tejido con agua y la proporción adecuada de materia vegetal (igual peso que el tejido si la planta estaba verde y el doble si la planta estaba seca). Después se aclaraba el tejido con agua y se secaba a la sombra.

            Una receta llamada tina medieval  utilizaba 500g de hojas de añil, 100g. de ceniza, 100 g. de salvado y 15 g. de raíz rubia. La ceniza en este caso era el mordiente y el color resultante sería la mezcla de azul y rojo, por tanto morado.

 

En la Edad Media en Teruel y provincia había pellejeros que se encargaban de la preparación y curtido de pieles.

 

Proceso del curtido de pieles.

 

- Las pieles recién extraídas de los animales se adobaban con las sal para poderlas conservar hasta que fueran curtidas. De esta manera también se podían utilizar pero duraban pocos años.

- Se remojaban las pieles una semana para eliminar la suciedad, la sal y para que se ablandasen.

- Se sometían a un baño de agua con cal hidratada y sulfuro de sodio para que se hinchara la piel y disolver la epidermis y que cayera mejor el pelo.

- Con cuchillas se eliminaba por un lado de la piel la carne y la grasa que quedaba y por el otro lado el pelo.

- Se daban unos baños de preparación antes del curtido con algunas sustancias químicas para contrarrestar las anteriores (como sulfato amónico, sal, ácido sulfúrico…).

- Se echaba la  disolución de tanino con el agua y las pieles y permanecían así varios días.

- Se lavaban las pieles y se extendían a secar.

- Posteriormente el mismo pellejero o los zurradores golpeaban y estiraban la piel para darle la textura y elasticidad necesaria según la calidad que se quisiera conseguir. También se podían añadir aceites y grasas para suavizar las pieles y se podían teñir.

 

Con las pieles obtenidas  los calceteros confeccionaban: pellotes, chamelotes, calzas…

- Calces. Defensa de las piernas y de los muslos. Las había de hierro, flamencas de mallas, etc.

            Las calzas “de una pieza” se hacían a medida. “el gramen de paño cárdeno forrado de abortones, los capirotes bermejos, las calzas de paño de diferentes colores: blanco, morado, bermejo; las alcandoras, los paños menores, los capotes de sayal, las catardas de blanqueta, las hopas, mezcladas o bien forradas de bayas rojas o de esquiroles, las beguinas hechas con paño bermejo de Perpiñan, los pelloetes detrasquitones y los tabardos de Londres”. Como prendas femeninas encontramos “sayas de gamellín mezclado, pellotes de pieles de carnero, calzas moradas y capirotes hechos con mezcla de color cardeno, chamelotes de color toronja, briales con faldas de cendal verde hechas con telas de lino (al parecer muy populares), velos sobrecabezas, sayas bermejas forradas de tafetán y guardacorsés ornados con perlas en las mangas y forrados de piel de cordero”.

            Precios de las Calzas:

-         1 Calzas ricas de aguja: 48 sueldos.

-         1 Calzas de mujer: 25 sueldos y 6 dineros

-         1 calzas de hombre: 8 sueldos

-         1 Calzas de niño: 1 sueldo

-         1 calzas de mujer: 4 sueldos

-         1 Calzas de Flandes: 60 sueldos y 6 dineros

 

Las cálcicas de niña como de mujer, como sean de cordellate, ayan de ir a pelo arriba, y si fueran estameñas ayan de ir cortadas a cordón y calonadas y repulgadas por arriba”.

Los valones de paño y cordellate y gregüesco redondo habrían de ir cortados “pelo abajo o a pelo travesado, y si no fuere así, incurra en pena de veinte sueldos”, la mitad para los jurados y la otra mitad para el cuerpo del oficio.

 

 

 

 

 

 En esta pintura aparecen algunos ejemplos de los trajes que se usaban entonces. El joven en   el centro lleva unas calzas ajustadas, puntiagudos zapatos de cuero y un jubón encima de la camisa. Algunos niños llevan calzas multicolores, típicas de la época.

 

  

3.5.- LUGARES DE UBICACIÓN.

 

La calle de los Calceteros junto al postigo del Mercado agrupaba a gran parte de estos artesanos que contaban además con puestos fijos en la plaza del Mercado, donde expendían tanto las prendas nuevas como las remendadas, destacando entre los ropavejeros los vendedores judíos.

  

5. BIBLIOGRAFÍA:

 

-         Medievalismo. Boletín de la Sociedad  Española de Estudios Medievales año 4, núm.4.

 

-         Aragón en la Edad Media XII. Universidad de Zaragoza. facultad de Filosofía y Letras. Departamento de Historia Medieval, Ciencias y Técnicas Historiográficas y Estudios árabes e Islámicos.

 

-         El Concejo de Teruel en la Edad Media. 1177-1327, Volumen II: La Población Gargallo Molla.

 

-         Zaragoza en la Baja Edad Media Mª Luisa Ledesma Rubio, Mª Isabel Falcón Pérez.

 

-         Instituto de Estudios turolenses de la Excma. Diputación Provincial de Teruel adscrito al consejo superior de investigaciones científicas. Teruel órgano oficial de la institución (enero-diciembre 1987, núm. 77-78

 

-         Universidad de Zaragoza. Departamento de Historia Medieval ciencias y técnicas historiográficas. Estudios árabes e islámicos. A la profesora Emérita María Luisa Ledesma Rubio.

 

-         Aragón en la Edad Media X-XI. Homenaje a la Profesora Emérita Maria Luisa Ledesma Rubio. Universidad de Zaragoza 1993.

 

-         Teruel Medieval. Vidal Muñoz Garrido.

 

-         Anuario de Estudios Medievales. Maria Isabel Falcón Pérez.

 

-         El fuero de Teruel. Edición critica con introducción y traducción 2ª Edición.

 

-         Los turolenses medievales y su ciencia. Materiales didácticos. Joaquín Gujeda y otros.

 

LOS CALCETEROS.

 

1.    La actividad textil en la época medieval.

 

2.   Las cofradías artesanales de la edad media: sastres, juboneros, calceteros, pellejeros, tejedores, pelaires y tintoreros.

 

3.   El gremio de los calceteros.

 

3.1 .Deberes espirituales.

3.2          . Organización del gremio.

3.3          . Labores.

3.4         . Lugares de ubicación.

 

4.   Vocabulario de interés.

 

5.   Bibliografía.

 

4. VOCABULARIO DE INTERÉS.

 

        Alcandora: Vestidura blanca a modo de camisa y también la propia camisa.

 

            Batanero: Persona que manejaba el batán (máquina de propulsión hidráulica, compuesta por un eje y unos mazos, que se utilizaba para golpear paños y así desengrasarlos y dar cuerpo a su tejido.

 

            Brial: Vestido de seda o tela rica  que usaban las mujeres, y el cual se ataba a la cintura y bajaba en redondo hasta los pies.

 

            Calza: Especie de calzones que cubrían todo el muslo o parte de él.

 

            Capote: Capa de abrigo hecha con mangas y con menor vuelo que la capa común.

 

            Capirote: Capucho antiguo con falda que caía sobre los hombros y a veces llegaba a la cintura.

 

            Cardero: Persona que preparaba para el hilado las materias textiles.

 

        Chamelote: Tejido fuerte e impermeable, que primero se hacía con pelo de camello, después con el de cabra, mezclados con lana, y más tarde con lana sólo.

 

            Espórtula: derecho pecuniario concedido a cambio del ejercicio de ciertos cargos públicos.

 

        Hopa: Especie de vestidura, a modo de túnica o sotana cerrada.

 

            Insaculación: poner en un saco, urna… (Cédulas con números o con nombres de personas o cosas) para sacar una o más por suerte.

 

        Jubón: vestimenta que cubría desde los hombros hasta la cintura, ceñida y ajustada al cuerpo.

 

        Mayordomo: Administrador de la cofradía.

 

          Pelaire: persona que cardaba o preparaba la lana que se había de tejer.

 

        Pellejero: Persona que tenía por oficio adobar o vender pieles.

 

         Pellote: vestido talar de pieles.

 

    Ropón: ropa larga que regularmente se ponía suelta sobre los demás vestidos.

 

    Saya: falda que usaban las mujeres. En la ciudad era, por lo general, ropa interior, en las aldeas, ropa exterior.

 

    Tabardo: prenda de abrigo ancha y larga (especie de gabán sin mangas), a modo de capote, de paño o piel.

 

    Tejedor: persona que formaba las telas entrecruzando los hilos en el telar.

    

    Tintorero: persona que limpiaba o teñía la ropa y otros tejidos. Mediante un colorante y otras sustancias le daba un color distinto.

 

    Tundidor: persona que cortaba e igualaba con tijera o tundidora el pelo de los paños o pieles.

 

    Valón: cuello grande y vuelto sobre la espalda, hombros y pecho.

 

    Veedor: Inspector público.

 

    Velo: tejido muy fino que usaban las mujeres para cubrirse la cabeza o el rostro.

 

                        

 

 

 

   
 


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